Amanda siempre llegaba tardea todos lados...
Así como llegaba tarde a citas, juntes con amigos, universidad, trabajo; no era de extrañar que llegara tarde a la despedida con su novio por su próximo viaje a Cochabamba. La maleta, la excusa perfecta para justificar su atraso. Sumado a esto, la cara triste (o de enojado) de Ignacio por el repentino viaje. Era de suponer, cumplían su primer mes.
Al mejor estilo Beatles en “All my loving”, Amanda le prometió llamarlo, serle fiel y pensar en él todo tiempo. Quizás la intención, o el deseo eran ciertas pero la realidad de las promesas siempre son distintas.
Una vez en el destino final, en la reunión de trabajo, todos fuimos testigos del flechazo de Amanda. Solo basto media hora para que su mirada se mezclara con la de Juan, un Colombiano estilo hippie, idealista que había llegado como invitado.
Las horas, los días pasaban y verlos pasar el tiempo juntos ya no era raro. Hablaban todo el tiempo y además, como si el destino y el universo hubiesen conspirado, eran vecinos de habitación. Así que el uno, siempre se enteraba de lo que el otro hacia o si no, se lo contaba.
Muchos dirían que esa era la ocasión perfecta para que se dé “lo inevitable”. Pero así como se contaban todo, ambos sabían que tenían relaciones en su respectivo lugar de origen. Se creó un tipo muro invisible después de esto.
El fin de semana terminó. Ignacio tuvo menos de las llamadas y pensamientos prometidos y todos teníamos que volver a nuestros lugares. Lamentablemente para Amanda y Juan también significaba la despedida. Con tanto alago de ida y vuelta era imposible evitar pensar en el futuro, en Ignacio, en las distancias, en la vida que ambos llevaban e incluso, en el amor.
- “Fue increíble conocerte, si vos no vas; yo volveré. Así pasen 27 años o tenga que trabajar 27 años” Dijo Juan con lagrimas en los ojos mientras rodeaba a Amanda también emocionada, con su brazo.
- “Ojalá hubiera más gente como vos” se limito a decir, ya con Ignacio dominando sus pensamientos.
- “no lloremos eh! Que nos volveremos a ver” fueron las últimas palabras que se dijeron, o por lo menos cara a cara.
Amanda volvió a su lugar después del cansador viaje. Naturalmente le costó volver a estar con Ignacio. También es culpa suya, no le importo mucho lo que pase con ella en el viaje y solo estuvo con sus amigos.
Por sugerencia mía, no le conto lo ocurrido. Total, no volverá a haber un mañana, ¡jamás!